Artrosis canina. Seis preguntas que tienen respuesta.

  02 de Octubre, 2018

Una patología de frecuente presentación en caninos, sobre todos en animales de edad avanzada. Que debemos saber.

1- Que es?
La artrosis es una alteración patológica, degenerativa y no inflamatoria de las articulaciones. Cuando las deformaciones que produce son muy evidentes, se habla de artrosis deformante. Quedando el término de artritis al proceso inflamatorio agudo y o crónico de las articulaciones.
Por regla general, la artrosis canina afecta, en primer lugar, a las articulaciones altas de los miembros: caderas y rodillas, hombros y codos, aunque el resto de las articulaciones no están exentas a que puedan estar afectadas.
2- A qué se debe?
Por regla general distinguimos dos tipos de artrosis. La primaria, que suele afectar a los animales de edad avanzada, aparece debido al envejecimiento normal que sufren las articulaciones debido al paso del tiempo. De hecho se trata de un desgaste progresivo e inevitable de los cartílagos articulares, pudiendo afectar a diferentes puntos al mismo tiempo. La secundaria, aparece como consecuencia de un factor desencadenante, que hace que la articulación afectada deje de funcionar con normalidad. Por ejemplo, este tipo de artrosis puede aparecer con motivo de un traumatismo (un golpe, una fractura, etc.) o debido a una malformación de nacimiento, como puede ser la displasia de cadera o de codo.
A veces encontramos animales que tienen un peso muy por encima de la media que encontramos en la raza. Las articulaciones no están hechas para sostener una sobrecarga de kilos tan importante, con lo que se deterioran con facilidad. Siendo la obesidad, otra causa muy común que puede desencadenar ésta patología.
3- Qué síntomas produce?
Los síntomas son más o menos importantes en función del número de articulaciones afectadas. Sin embargo, existe un signo inequívoco que nos hace intuir que el animal está afectado. La cojera o claudicación suele manifestarse sobre todo cuando el perro se levanta y se pone en marcha después de permanecer durante mucho tiempo inmóvil. El dolor incita al animal a evitar el apoyo sobre el miembro afectado y, al verse impedido, deja de correr, y por supuesto, de saltar. A medida que la patología va evolucionando el dolor aumenta, y al efectuar determinados movimientos, el perro emite pequeños gemidos, incluso es posible que el animal se muestre irascible y tienda a presentar agresividad cuando intentamos manipular la articulación afectada. En los casos más avanzados, es posible que la articulación quede bloqueada parcialmente, con los que resulte imposible realizar determinados movimientos. Llegados a este punto, el animal duda a la hora de utilizar la extremidad enferma.
4- Cómo se diagnostica?
Se pueden tener en cuenta tres factores: a) antecedentes patológicos del animal, b) el examen de la marcha y c) la manipulación. A la hora de estudiar el historial de su paciente, el veterinario deberá tener en cuenta antiguas fracturas articulares, lesiones que el animal haya sufrido hace tiempo así como posibles esguinces. Al observar la marcha se fijará sobre todo en si el perro cojea, aunque sea sólo muy levemente y de forma incipiente, ya que como hemos dicho la cojera es un síntoma inequívoco de la enfermedad. Finalmente, al manipular la zona afectada es muy posible que el animal de muestras de dolor.
Con frecuencia, la región en la que se encuentra la articulación enferma suele estar algo deformada, debido a los osteofitos y a la atrofia muscular que provoca la ausencia de actividad física. Muchas veces se detecta un chasquido característico cuando la movemos. A través del estudio radiológico, el veterinario podrá determinar la gravedad de la artrosis e instaurar el tratamiento más adecuado.
5- Tratamiento?
Ante todo, el tratamiento contra la artrosis canina debe pasar por la modificación del ritmo de vida que lleva el animal. Es fundamental limitar en cierta medida su actividad física, con el fin de frenar, en la medida de lo posible, el ritmo de desgaste de las articulaciones. De todos modos esto no significa que debamos suprimir por completo la actividad física del perro, ya que de este modo lo único que conseguiríamos seria aumentar el grado de la atrofia muscular.
En el caso de perros obesos o con un sobrepeso importante, es imprescindible que el animal sea sometido a un régimen con el objetivo llevar al perro al peso estándar de la raza.
El tratamiento médico de la artrosis canina consiste en la administración de antiinflamatorios que, en función del grado de afectación de la artrosis, pueden ser corticoides o de otro tipo. En la actualidad no existen tratamientos que hayan demostrado capacidad para reparar el cartílago o para detener la enfermedad. La investigación de la última década se ha centrado en mejorar los marcadores del cartílago y el conocimiento de los mecanismos patogénicos para identificar a los pacientes con riesgo de progresión significativa con la esperanza de que en un futuro próximo aparezcan fármacos con capacidad real para modificar la enfermedad. Siendo los glucosaminoglicanos y el condrointin sulfato algunos de los medicamentos que encabezan los tratamientos prolongados.
Finalmente en los casos más graves de artrosis canina, a veces puede estar indicada una intervención quirúrgica. Mediante una operación, el especialista puede retirar los osteofitos con el objetivo de contribuir a desbloquear la articulación. Este es el único medio para suprimir por completo el dolor. A veces también es posible implantar al animal una prótesis total. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas técnicas no pueden aplicarse en todas las articulaciones y que no siempre resultan viables.
6- Pronóstico?
La falta de actividad conlleva un deterioro importante de la musculatura que rodea a la articulación. Como consecuencia, la zona enferma empieza a atrofiarse, con lo que cada vez se complica más su utilización, por lo que hace que el cuadro sea de un pronóstico de desfavorable a malo, si con el curso del tiempo no se toman medidas de controlar el elemento que desencadenó el problema.


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