El celo de la gata

  12 de Septiembre, 2018

Es el periodo en el que el animal se encuentra receptivo sexualmente y posee la capacidad de reproducirse.

El primer celo de la gata significa que ha llegado a la madurez sexual y este suele producirse dentro de los seis y ocho primeros meses de vida, aunque las condiciones ambientales, la alimentación, e incluso la raza del animal son factores que determinan su primera aparición.
Es difícil poder controlar el celo de nuestras gatas ya que este se suele caracterizar por la irregularidad, de hecho el celo puede cambiar de un año a otro en el mismo animal. Normalmente suele estar relacionado con la subida de las temperaturas, de ahí que la primavera sea el momento reproductivo más importante. Sin embargo, en las gatas caseras, que viven en unas condiciones ambientales prácticamente constantes de temperatura dentro de la vivienda, el celo puede aparecer en cualquier momento del año, llegando, incluso, a producirse cada 15 días con un breve periodo de descanso en el medio, o, por el contrario, no aparecer en todo un año.
Cualquier persona que haya convivido con una gata reconoce perfectamente, ya que su compañera se comportará de una manera muy peculiar. El celo se caracteriza por una constante y apabullante emisión de maullidos estridentes y muy característicos. El animal comienza un baile ritual que incluye rozamientos, frotamientos de su cuello y cabeza contra todo aquello que se encuentra. Hay un claro aumento de la efusividad en sus demostraciones de cariño, rodando sobre su espalda y ?ofreciendo? sus cuartos traseros con insistencia, levantando la cola y mostrando su zona genital. Algunas gatas llegan a perder el apetito y aumentan la frecuencia de sus micciones.
Se cree que fue precisamente esta desbordante manifestación de su apetito sexual uno de los motivos por los que la Iglesia no aceptó de buen grado a los gatos en algunos momentos de la historia. Pero eso es otra historia.
La ovulación en la gata.
En lo que respecta a la ovulación de la gata, es muy importante recordar que esta es inducida, es decir, solamente se produce si la hembra ha sido montada por un macho. Cuando el macho retira su pene estimula la pared vaginal con unas espículas que posee en él. Esta estimulación es lo que hace que se produzca la ovulación. Así, ésta aparece desde el primer día a partir de la monta.
Esta es la gran diferencia de las gatas con respecto a las perras, que al no poseer ovulación no tienen descarga de sangre vaginal, y por lo tanto no manchan con sangre durante su celo. Si en algún momento vemos que nuestra gata mancha con sangre alguna superficie es el momento de acudir al veterinario, ya que ello es síntoma de que algo no está funcionando bien.
Por último, y como curiosidad, decir que una gata que ha sido montada en el mismo celo por varios machos puede, por lo tanto, ovular y ser fecundada varias veces, y en el futuro parir gatos de diferentes padres. Lo que a veces nos regala esas camadas de gatitos de distintos pelajes que en casi nada se parecen unos a otros.


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